He notado un aspecto interesante en la economía estadounidense: los precios de importación en marzo subieron un 2,1% en términos anuales. Es el mayor aumento desde diciembre del año pasado, si se confía en los datos. Mensualmente, los precios aumentaron un 0,8%, lo cual tampoco es poco.



Esto, parece, refleja que el índice de Chicago y otros indicadores económicos ya llevan tiempo señalando que la presión inflacionaria sobre los bienes importados no disminuye. Es interesante que el índice de Chicago muestre una tendencia similar en la economía regional. Parece que no es solo un fenómeno local.

En general, cuando se mira el índice de Chicago en el contexto de estos precios de importación, queda claro que la presión sobre el costo de los bienes no proviene solo de los mercados externos. El índice de Chicago confirma que también dentro de EE. UU. aumenta la actividad empresarial, lo que puede fortalecer la demanda. Se forma un círculo vicioso: los precios de importación suben, el índice de Chicago muestra actividad, y la inflación no piensa ceder su posición.
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