Últimamente, al revisar el mercado de opciones, quiero quejarme de nuevo: los compradores siempre piensan que están apostando por la dirección, en realidad es más como correr contra el tiempo; la prima que pagan, el valor temporal, se va descontando lentamente cada día, y lo que pierden no suele ser por "equivocarse en la predicción", sino por "durar demasiado". Los vendedores, en cambio, se benefician de esta depreciación del tiempo, pero no piensen que siempre ganan; si una aguja atraviesa la volatilidad implícita, el riesgo en la cola puede devolver toda la "renta" que han cobrado en las semanas anteriores. En definitiva, ¿quién está comiendo el valor temporal? Está comiendo la indecisión, los sueños, la paciencia de no poner un stop. En realidad, durante esa ola extrema de tasas de financiamiento, en el grupo discutíamos si la reversión sería o si seguiríamos inflando la burbuja, y mi primera reacción fue: si la volatilidad es cara o barata, y en qué lado está el tiempo, eso decide más quién será tu cebolla que la dirección del mercado. De todos modos, ahora me importa más si la posición puede soportar esa prueba del "tiempo"; si la dirección está equivocada, aún puedes aceptarlo, pero si el tiempo se desgasta, realmente se acaba.

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