Acabo de ver que la UE está moviendo ficha con urgencia en el tema del precio de gas y la energía. El 13 de abril la Comisión Europea va a proponer reducir impuestos sobre energía y tarifas de red, intentando aliviar la crisis que no para de crecer. Y lo más interesante es que el 22 de abril publicarán un documento político con todas las medidas para proteger tanto a empresas como a consumidores del golpe económico que representa esta escalada de precios.



Lo que está pasando es bastante serio. Durante el conflicto en Irán, el cierre del Estrecho de Ormuz disparó todas las alarmas sobre la persistencia de precios elevados en energía. Los números hablan solos: desde que comenzó la guerra, 22 Estados miembros han sacado más de 120 medidas individuales para intentar frenar el impacto, con un gasto superior a los 900 millones de euros. Además, solo en importación de combustibles fósiles, la UE ha tenido que gastar 1.300 millones de euros extra.

Lo que está claro es que el precio de gas se convirtió en una bomba de tiempo para la economía europea. Las medidas que anunciarán buscan no solo reducir impuestos sino también promover tecnologías limpias al mismo tiempo. Es interesante ver cómo la crisis energética está forzando decisiones políticas que probablemente ya deberían haber tomado hace tiempo. El precio de gas seguirá siendo el factor clave a monitorear en los próximos meses.
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