Acabo de revisar los últimos datos del índice de precios al consumidor de marzo y los números son bastante interesantes. El IPC subió un 1.0% mes a mes, lo cual es un movimiento decente. Pero esto es lo que llamó mi atención: los costos de energía se dispararon absolutamente, con un aumento del 8.9% después de apenas moverse un 0.3% el mes anterior. Los productos petroleros fueron los verdaderos culpables, con un aumento del 17.1%. Eso explica gran parte de la presión de precios general que hemos estado viendo.



Lo que vale la pena señalar es que otras categorías se enfriaron. Los bienes manufacturados solo subieron un 0.7% en comparación con el 1.4% anterior, y los servicios apenas se movieron, con un 0.2%. En términos anuales, el índice de precios al consumidor se sitúa en un 1.7% año tras año, lo cual es moderado pero definitivamente algo a vigilar. La volatilidad de la energía es la historia principal aquí; todo lo demás parece relativamente estable. Los ajustes estacionales lo redujeron ligeramente a un 0.8% mes a mes, pero la tendencia subyacente todavía está allí.
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